Los mil y un acentos del inglés

Los mil y un acentos del inglés

Tal como ocurre en el castellano -y con todas lenguas que se hablan en varios países debido a su origen colonial y que se ha separado de su correspondiente madre patria-, el inglés también tiene una gran variedad de acentos. Es cierto que en un principio es hasta complicado entender alguna palabra suelta de lo que nos dicen cuando nos hablan en inglés, así que ¡ni hablar de diferenciar los benditos acentos!

Pero es importante tomar conciencia de que existen para no frustrarnos. Desde luego la cadencia y la vocalización que más entenderemos es aquella con la que estamos más familiarizados y os aseguro que otros acentos incluso nos sonarán a chino. Me acuerdo que cuando me trasladé a vivir hace unos años a Dublín, me hospedé la primera noche en uno de esos hostales en los que compartes habitación y que allí son tan normales, las compañeras de cuarto que me tocaron en suerte, eran siete tías majísimas escocesas –que iban a Dublín a festejar la despedida de solteras de una de ellas-, recuerdo que no eran de Edimburgo sino de alguna región que tengo que confesar, jamás supe cuál era. Es cierto que mi inglés de entonces no era maravilloso pero algo sabía, aún así no pillé ni las cosas más elementales tipo ¿cómo te llamas o de dónde eres? Ese fue mi bautizo, y tuve que contenerme para no volver corriendo al aeropuerto y pillarme el primer avión a Madrid.

Todos los que incursionamos en el inglés antes o después nos toparemos con el tema de los acentos y antes o después sentiremos que no entendemos nada de nada. Lo mejor es empezar a familiarizarse con todos ellos desde el principio, para hacer oído, para que nuestra mente empiece a captar que hay matices y pueda decodificarlos más adelante.

En esto, como en todo, es cuestión de gustos. Hay gente que adora el acento británico en detrimento del “americano” -que como bien podréis suponer no hay uno solo sino más bien un montón-, o al revés. Pero lo que si es raro es que en la vida real nos encontremos con el británico académico o el neoyorquino transparente de las cintas de “listening” de los libros de inglés. En mi opinión lo mejor es no cerrarse, cada acento tiene su belleza, y para que nos lleguen las palabras detrás del acento hay que abrir los oídos y la mente.

Como este tema da para mucho, en próximas entregas profundizaremos un poco más en los diferentes acentos y en los recursos de los que podemos valernos para “hacernos el oído”.

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